Imagina esto: entras en una habitación y ves a alguien sosteniendo cuatro pelotas. Sin previo aviso, la persona grita «¡Atrapa!» y lanza las cuatro en tu dirección.
Lo más probable es que no las atrapes todas. Quizá no atrapes ninguna. En tu intento de agarrar las cuatro pelotas, te cuesta concentrarte en una en particular.
Todo es confuso. Caos absoluto.
Ahora vuelve a imaginar la situación, pero esta vez la persona sostiene una sola pelota y la lanza en tu dirección. Tus probabilidades de atraparla son mucho mayores.
Dory Ellis Garfinkle, CMO de la consultora de marcas global Siegel+Gale, utilizó esta analogía para ilustrar por qué las marcas sencillas conectan mejor con los consumidores a nivel emocional que las marcas complejas.
Y tiene sentido: nuestras reacciones viscerales ante las cosas del mundo importan. Marcan el tono. Nos ayudan a decidir si merece la pena analizar algo más o no.
«Cuando se trata de crear una marca, el objetivo es establecer una conexión intuitiva con los clientes», afirmó Ellis Garfinkle.
En un nuevo informe de investigación, Siegel+Gale analiza cómo funciona el concepto de sencillez de marca en el ámbito B2B, donde parece que todas las empresas, tanto las que operan en el sector financiero como en el sanitario, son ahora empresas tecnológicas, y todas las empresas tecnológicas son ahora empresas de IA.
Una de las principales conclusiones: los compradores B2B prefieren las marcas que les facilitan defender sus decisiones.
Las marcas pueden lograrlo mediante una voz diferenciada, mensajes coherentes y una explicación clara de lo que hacen sus productos o servicios.
Como explicó Ellis Garfinkle, la idea es evitar pedir a los posibles clientes B2B que «hagan el trabajo de desentrañar en qué consiste todo lo que ofrecéis».



